domingo, 30 de octubre de 2016

Ad eternum

Otra vez el inconformismo...

Otra vez a reflexionar y tratar de encontrarme.

La vida es demasiado complicada y nosotros la complicamos más si cabe.

Nos pasamos gran parte de nuestra vida pensando en el futuro, y no nos damos cuenta de lo que estamos viviendo hasta que ya se ha convertido en pasado. Hasta que echamos la vista atrás y comprendemos el sentimiento de tranquilidad y satisfacción que nos producen los recuerdos, no somos capaces de ver la felicidad de los momentos. Pero ya ha pasado. Se ha ido. Es solamente un recuerdo.

Me he convertido en un preso de los recuerdos. Un cautivo de sensaciones felices de otro tiempo. Y a pesar de que ya van unas cuantas décadas de inconformismo con el ojo puesto en el retrovisor, no aprendo. No valoro el presente incluso trato de huir de él.

Os estaréis preguntando por qué no le pongo solución. Buena pregunta.

A veces me gustaría tomarme un tiempo para mí. Sólo para mí. Desaparecer por un momento. Ver el mundo en perspectiva, convertirme en un gran hermano de mi entorno. Espiar vidas no tan ajenas para ser capaz de valorar mi vida, mi mundo, mi casa.

Tiendo a compararme. Tiendo a juzgar mi propia vida en función de la vida de los demás.Y no me gusta, pero lo hago inconscientemente, y luego caigo en la cuenta de que no sirve de nada. O quizás sí. No lo sé. Pero volveré a hacerlo, eso seguro.

A veces sirve para algo. De vez en cuando reacciono y me activo, y consigo cambiar esas cosas que no me gustan. Son escasas lo reconozco.

La mayoría de las veces paso horas lamentándome de la vida que tengo. De que quiero rutina, pero no me gusta la rutina.

Me he pasado dos años deseando que llegase este momento, he llorado por este momento, he conjurado por adelantar este instante todo lo que fuese posible. Hasta he rezado. Y ahora que ha llegado, me pregunto. Y ahora ¿qué?
Ahora ya han pasado unos meses, y la situación ya no me seduce. Necesito retos nuevos, emoción, ver que lo que he conseguido sirve para algo. Y no consigo verlo.

Sólo veo una ama de casa con trabajo que invierte el ochenta por ciento de su sueldo en resolver las tareas del hogar y llegar al día siguiente con los deberes caseros hechos. Pero no estoy disfrutando. Para nada estoy disfrutando de la situación. Al contrario. Cuando llega el final del día pienso en todo lo que me he perdido y en lo que no he disfrutado. Y no quiero esta vida. Éste no era mi objetivo ni de lejos...

Necesito reflexionar de nuevo. Pensar, meditar. Porque en unos meses volverá el inconformismo y me pillará con los deberes sin hacer y volveré de nuevo a meditar, a pensar... Ad eternum...

1 comentario:

  1. Nos pasamos la vida reflexionando sobre lo que estamos viviendo y solemos olvidarnos precisamente de eso, de vivirlo. Somos inconformistas porque nos enseñaron a aspirar a lo más alto, a esforzarnos hasta el límite con la vana promesa de que eso bastaba... y nosotros, nos lo creímos.
    Y ahora que nos hemos cansado de luchar, nos cuesta conformarnos con las migajas de lo que nunca llegamos a conseguir, de lo que nunca llegamos a ser.
    Pueden decirnos que no es culpa nuestra, pero, por mucho que sepamos que así es, nunca se nos quita el sabor de fracaso de la garganta.
    Sólo nos quedar escoger, o nos conformamos con la mediocridad que nos han vendido, o no dejamos de luchar para por lo menos tener la sensación cada día que se acaba que sigue mereciendo la pena vivir, aunque cueste tanto...

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