Entradas

El pájaro.

No se mueve el tiempo. Se ha detenido. Ha dejado de alimentar a la ilusión y se ha sentado a observar la desesperación. Hace ya tres años que abandoné el barco y decidí coger un bote salvavidas. Así el remo con mis manos, fuertes tras el duro entrenamiento contra viento y marea. En alta mar, solo hay horizontes, delgadas líneas, rojas al atardecer, que cierran la puerta al abandono e insuflan falsas esperanzas de cambio. En el barco se quedó la tripulación y los generosos pasajeros, a veces amigos, otras simples huéspedes. En mi bote, apenas se podía encontrar una pequeña botella de agua y un millón de sueños rotos, que formando un rompecabezas dibujaban un paisaje de suaves verdes, fuertes grises y azules luminosos. No sé lo que pasó. No recuerdo nada. Una mañana de lluvia, suave, templada, desperté frío, débil, con el cuerpo inundado de yagas. Apenas podía moverme. Me incorporé. Y allí seguía el horizonte. Los remos ya no estaban. No había botella de agua. A mi lado obser...

Vuelvo a crear...

Pasado y presente se vuelven indiferentes. No importa el cómo y el cuándo, importa el aquí y ahora. Necesitamos recobrar lo perdido y soñado, recomponer el puzzle de nuevo. Hemos aprendido que no se trata de un juego de fichas, sino de nosotros mismos, de nuestros deseos, de nuestras ganas de volver, de nuestra ilusión por recordar que pudo no haber un final, que pudo ser simplemente un punto y aparte y que es ya la hora de continuar la historia juntos. Dejando atrás todo aquello que nos separó, pero que no nos ha roto, todo aquello que nos distanció sin alejarnos, nos alejó sin resquebrajarnos. Cuando algo funciona, porque cambiarlo. Quizás el cambio ha hecho que vuelva a funcionar. Quizás hayamos engrasado nuestros mecanismos. Quizás hayamos necesitado ver para comprender que lo que importa no es lo importante, sino aquello a lo que nunca damos importancia. Aquello que como un volcán de lava en un mar de hielo, ruge, enfurece porque nos hemos dado cuenta de que caminábamos en la d...

Desearás no haber deseado

A veces resulta difícil reflexionar acerca del destino. Siempre es bueno plantearse ciertas cuestiones para no perder de vista la contraposición de los propios deseos a lo que nos depara la vida. Si es cierto que todo tiene un porqué, y que todos aquellos acontecimientos importantes están marcados desde que llegamos al mundo, para que preocuparse planteándose metas a las que llegar, objetivos que alcanzar, con los que ir llenando esos vacíos absurdos. Parece inútil malgastar fuerzas luchando, si todo está escrito, por qué arrastrar lastres... De repente apetece hacer las maletas y huir, volando lejos, hacia un lugar mejor. Dejar todo atrás demostrándole al destino que no todo está escrito, que lo que nos depara la vida no nos gusta, que queremos algo mejor. Avanzar en solitario, mejorar, ascender. Porque ya sabes que puedes hacerlo. Porque ya lo has conseguido y no fue tan difícil. Porque has tenido que volver y sientes que has retrocedido, y quieres que este retroceso sea el i...

Todo queda atrás...

En las tardes de verano, solía sentarse a contemplar los ojos del búho. Grandes, amarillos. El tímido viento, apenas le daba un soplo de aire fresco. Sabía que todo aquello terminaría. Otra vez estaba al borde del precipicio, intentando sostenerse como un equilibrista que camina sobre una cuerda floja. Como un viajero que divisa en el horizonte su destino. Como un vagabundo que noche tras noche se abraza al frío y la soledad. Dónde quedará todo. A dónde escaparán los desayunos de terraza. En dónde se refugiarán los largos paseos. Las rutinas que habían convertido un maravilloso jardín en un camino de asfalto. Las noches cálidas. El tibio invierno. El suave y constante olor a mar. Sabe que la vuelta es un paso atrás. Sabe que todo lo que le espera ya lo conoce. Sabe que volverá a cruzar esa puerta que un día quiso dejar atrás. Sabe que no será fácil. Sabe que se avecina el peligro. No quiere correr el riesgo. Nunca será lo que pudo haber sido. Le asustan los cambios. Le as...

No quedarme con lo primero que he encontrado.

Quizá deba explorar otras cosas. Quizá no deba detenerme ante el primer tren que pasa frente a mi. Y si me equivoco apostando todo a una sola carta... Y si descubro que hay cosas mejores, que pueden aportarme mucho más, que me ayuden a avanzar, a aprender cosas nuevas, a progresar, a ser mucho mejor cada día. Otras cosas que me ayuden a valorarme como me merezco, que me demuestren cada día que soy algo más que un número, que puedo ser mucho más, que hay gente que me necesita, que puedo ser yo sin necesidad de actuar... Que me hagan relajarme y me ayuden a aliviar esta tensión que vivo constantemente. Espero no arrepentirme... O lo estaré haciendo ya? Cuando tomas una decisión, o lo haces por impulso, porque algo te empuja fuertemente hacia uno u otro lado, o lo haces de forma serena, meditando todos y cada uno de los pros y los contras. Todos dudamos incluso una vez tomada la decisión. Aun así, a pesar de que siempre surgen dudas, siempre solemos poner nuestro empeño en la deci...

Allí, aquí, hoy, mañana

Amigas, rivales. Vagan de la mano... Sufrir el devenir de una, es padecer la progresión de la otra. Buscamos en muchos momentos la calma que nos aporta su tranquilidad. Deseamos que huya, que fluya, que construya nuestro abrigo. Deseadas y odiadas. Intensificadoras de placeres. Creadoras de emociones futuras. Efímeros, pasajeras, pero ciertos y ciertas, tan reales como la vida misma, tan necesarias como un pedazo de pan. Vivir a su antojo, es dejarse llevar. Vivir sin su cobijo es refugiarse en el miedo. Aceptar la evidencia es aprender. Enfrentarse a su avance, es luchar contra el olvido. El final? El final nadie lo sabe. Es un futuro incierto, al que nadie podrá poner nombre. El futuro son estas palabras, que se convierten en emociones presentes, en recuerdos del pasado. El final nunca llega. El final no es sino una puerta hacia otra parte.

Aeris filum

Probar tu propia medicina es peor todavía que el desengaño y el desamor. Se ha acabado. No se trata de que no hayas sabido mantener lo que un día fue. Estaba todo muerto. No era más que una burbuja en la que refugiarse cuando todo alrededor se volvía frío y oscuro. Era como una pequeña llama que a menudo solíamos avivar, intentando evitar lo inevitable. Era la rutina. La monotonía. La inercia nos llevaba una y otra vez al mismo lugar sin conseguir otra cosa que no fuera alargar la agonía de algo que hacía ya mucho tiempo que formaba parte de una crónica de una muerte anunciada. Nadie quería verlo. O quizás sí. Fuera como fuese todos colgábamos de ese finísimo hilo. Pero ya nadie dependía de él. Ya todos habíamos tejido una nueva red. Habíamos encontrado una nueva burbuja, otra fuente de calor a la que aferrarnos y cada vez, mantener aquel hilo se hacía más difícil. "Es ley de vida" dicen algunos intentando zanjar el tema. Y aunque en contadas ocasiones pareciese que ese...