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Caminando firme.

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Por un momento creí haber perdido el rumbo. Parecía que me deslizaba hacia el abismo con la facilidad pasmosa que da el tener la sensación de estar haciendo lo correcto, de estar aprovechando el tiempo, cuando en realidad, lo que hacía era desperdiciar las numerosas oportunidades que me brindaba la vida, a pesar de verlas pasar por delante de mis narices. Incluso por momentos, hasta parecía que yo mismo apartaba la mirada y desairadamente apartaba de mi camino, como quien espanta una mosca que le está molestando, algunas de las oportunidades. En realidad, de lo que se trataba era de una ceguera estúpida, que iba más allá de lo sentimental, una tontería propia de adolescentes que a mi me había llegado a destiempo, pero quizás en el mejor momento. Había conseguido varios logros, podía presumir de haber llegado, en edad tan temprana, a escalones que ni siquiera mis mayores defensores habían pensado para mi. Me encontraba en un momento difícil, ese momento crucial al que todos llegamos e...

Al final...

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Sigo pensando que todo llegará a su fin. Sigo pensando que mis ansias de volar, mi ganas de vivir, el impulso de amar y tu tímido latir, se encontarán cuando haya terminado este sendero de piedra y polvo, que me impide caminar. Pero ese sendero no es una carrera de obstáculos, ni una maratón , ni siquiera una etapa ciclista. El final del sinuoso y angosto sendero, llegará cuando las piedras del camino se diluyan con el arrollo de la tranquilidad , cuando las ansias de llegar al final no sean más que las ganas de no volver a empezar. La meta estará en aquel paraíso soñado, en un rincón donde la monotonía será calma, donde el bullicio será alegría, donde el calor será amor, y donde la soledad será el refugio ansiado. En aquel paraiso, recordaré los momentos difíciles con la satisfacción de haberlos superado. Recordaré lo vivido en retales del pasado, esos a los que siempre acudo, cuando necesito recordar que he sido feliz. Pero cuando llegue la meta, no recordaré lo feliz que he sido....

Soledad...

Puede que sean deseos de independencia. Puede que se trate simplemente de un estado de ánimo provocado por los cambios de los últimos meses. O quizá sea simplemente la necesidad de encontrar mi lugar. Sea lo que sea, no es algo desconocido. Muchas veces he mencionado esa frase de aquella canción de hace tiempo: "Soledad, a veces me das abrigo, otras desarropas mi alma". Y es que todo el mundo necesita sus momentos de soledad, de intimidad, de silencio... Momentos en los que yo suelo cargar las pilas, en los que suelo olvidarme de todo y no pensar en nada. Puede que suene extraño, pero es justamente en esos momentos en los que más relajo la mente. Y por el contrario, cuanta más gente habita a mi alrededor, más tiempo me da a pensar. Más y más vueltas me da la cabeza, pensando en el ayer, en el hoy, en el mañana... Uff! el mañana... He pensado tantas y tantas veces en la posibilidad de conocer mi futuro, que cada vez que mi imaginación vuelve a dibujar un mañana posible, inmedi...

Por fin!!!!

Cómo explicar con palabras lo que siento. Estaba nervioso, tenía miedo, temía no saber corresponderte como te lo merecías. Pero verte ahí, caminando algo deprisa, nervioso, acercándote a mi a través de la reja, con la mano ocupada en sostener tu primera muestra de amor, provocó una explosión dentro de mi que derribó los muros que rodeaban mis sentimientos, impidiéndome exteriorizar lo que ya sentía por ti antes de verte... Poder abrazarte, besarte, tocarte, sentirte, olerte, ver tus manos, tus ojos verdes y azules, verte mirándome y sonriéndome, no hacía más que alimentar el manantial que ahora brotaba dentro de mi, como arrollo que renace tras una profunda nevada... Me siento tan cómodo a tu lado, tan tranquilo, seguro, y estás tan pendiente de mi que cuando te tengo a mi lado, no se me ocurre otra cosa más que mirarte, sonreir, e inmediatamente darte un abrazo fuerte y un beso... es la única forma que el huracán de sientimientos me permite decirte te quiero sin palabras... Estando a ...

Otra vez igual

Otra vez esa absurda situación. Te ves rodeado de gente, todo el mundo se empeña en hacerte ver lo bueno que eres con ellos, lo bien que los tratas, lo mucho que te aprecian, pero cuando más te reconforta esa situación, entonces te das cuenta de que es todo un cuento chino. Sin embargo, lo que más me molesta no es haber llegado a esta situación. Soy yo mismo. No tengo caracter, no se imponer mi criterio, o simplemente expresarlo de una forma tajante. Y todo por el miedo, el miedo a perder a la gente. Y me molesto a mi mismo, porque esa situación que me provoca el miedo, esa situación que me obliga a no hacer salir el caracter que llevo dentro llega, y yo sigo con toda la rabia guardada. Solo me queda el consuelo de sentarme frente al ordenador, escribir unas lineas y ala, para cama a dormir. Al fin y al cabo mañana es un nuevo día, yo seguiré con mis planes y de esto nadie se enterará. Porque me acabo de dar cuenta de que a nadie le importa. Y me queda el consuelo de decir, que si se c...

Unos que vienen y otros que van.

He estado durante mucho tiempo haciendo acopio de todo lo bueno que he ido encontrando a lo largo de mi vida, como quien va guardando los pequeños detalles de cada celebración. He estado durante mucho tiempo tratando de subir peldaño a peldaño una escalera angulosa, desigual y por momentos quebradiza. Durante este último año, mi vida ha dado un giro de tal magnitud, que incluso en este momento de calma, de serenidad, de tranquilidad con mayúsculas, se me hace difícil de entender. Podría hacer un repaso a todo lo que me ha sucedido desde que abandoné aquél lugar, pero sería injusto, pues estaría dejando atrás muchos buenos momentos. Podría limitarme a mencionar lo malo que ha quedado atrás, pero estaría obviando lo que realmente me ha hecho avanzar, que sin lugar a dudas ha sido la bondad de todos cuantos habeis participado en todo este tiempo. Pero, aunque suene egoísta, lo que más quiero destacar, es el grado de madurez al que me han llevado todos y cada uno de los acontecimientos. Lo...

Echándote de menos.

Parece que has dejado de ser uno más. Parece que poco a poco a base de esfuerzo, de prestarme la atención que necesitaba, de cuidarme de esa manera que solo tu sabes, de atender mis peticiones y porque no decirlo, de hacerme olvidar los temores, has calado aquí dentro. Increíble me parecía sentir lo que sentía teniendo en cuenta las circunstancias en las que has llegado a mi, pero al final, tengo que admitirlo, te echo de menos. Ahora, solo deseo que llegue ese momento lo antes posible, y que los pocos miedos que me quedan se esfumen al verte!